NOUREDDINE KHOURCHID Y LOS DERVICHES DE DAMASCO (SIRIA)

cartel festival mantras DERVICHES
Nacido en 1966 en Damasco, Noureddine Khourchid es iniciado a los cinco años por su padre el jeque Abou al-Nour en el ritual místico musulmán. En su país se le considera uno de los más grandes recitadores del Corán.

Después de algunos años en la facultad de económicas, se dedica finalmente a la vida espiritual. Su gran maestría de la recitación coránica le permite fundirse perfectamente en el inshad, el canto religioso.

El grupo sufí Noureddine Khourchid de la gran mezquita de Damasco funde una voz profunda y celestial que se pone de manifiesto en el ritmo del daf y que parece materializarse por la presencia casi metafísica de los derviches giradores.

En este torbellino ritual infinito en el que la tierra y el aire parecen unirse, lo que se esboza es el movimiento universal y cosmogónico del mundo. La orden de los Mevlevís, establecida por el gran Jalâl al-Din al-Rûmî, ha hecho de él su patrimonio. El “samâ’”, del verbo árabe “escuchar”, se refiere a una práctica espiritual que consiste en cantar y en bailar para expresar los estados internos y para alabar a Dios. Esta danza se realiza con el oído del corazón y revela en algunas músicas una llamada al conocimiento de sí mismo y al retorno a un lugar más allá de cualquier espacio físico. Se lleva a cabo según las reglas precisas cargadas de simbolismo y se asocia, a menudo, a ciertas prácticas de las hermandades sufíes, como el dhikr, la recitación de los versos del Corán, las oraciones dirigidas al profeta Mahoma. Aunque existió, de forma esporádica, desde los primeros siglos del islam, esta práctica ha experimentado una reactivación gracias al místico Jalâl-al-Din al-Rûmî (1207-1273), quien sentó sus bases teosóficas.

Hoy en día, el “amâ” todavía es practicado por los adeptos de su senda (tarîqa), los Mevlevís otomanos, como por sus semejantes árabes los Mawlawiyya, así como por las numerosas hermandades de Oriente Medio y del Magreb. A lo largo de los siglos, esta práctica se ha ido enriqueciendo gradualmente gracias al contacto con otros repertorios religiosos y poéticos, hasta encarnar una especie de liturgia del recuerdo, entre el cielo y la tierra, basando sus raíces en los fundamentos de la mística islámica.

La puesta en escena del “samâ” constituye una suerte de arte total, en el que convergen música y danza, por supuesto, pero también poesía, arquitectura y una mínima escenografía. Según la mayoría de los tratados clásicos del tasawwuf, para el buen desarrollo de las que son las dos prácticas sufíes más relevantes: el samâ o concierto espiritual y el dhikr o invocación ritual de los nombres de Dios, es preciso que se cumplan tres condiciones: zamân: tiempo, makân: lugar e ijuân: las personas participantes.

Varios relatos místicos atribuyen un origen divino a la música que narra que el alma, cuya naturaleza misma es celestial, se negó a tomar forma, pero fue seducida por la voz de un ángel ordenado por Dios para establecerse dentro del cuerpo para atraerlo allí. Ahora está atrapado dentro del cuerpo, pero ha mantenido una nostalgia de sus orígenes desde que se separó de ellos

Esta agrupación está formada por siete cantantes munshid de la orden Shadhiliyya y dos bailarines de la orden Mawlawi de Damasco
 
 
 
 
 

Design by Bambu Software